domingo, 11 de septiembre de 2011

LIBRA


Cuando se habla del signo Libra, la mayoría de nosotros sabe relacionarlo con el equilibrio de la balanza como símbolo de la justicia, el amor, el matrimonio, es decir, como relación de dos, dos platillos en la balanza, dos personas en el amor y en el matrimonio.
La pregunta que cabe es: qué significado profundo puede atribuirse a esta relación de dos para que la relación establecida pueda ser progresista?.
Consideremos primeramente a la balanza y pensemos cómo alcanza esta un estado de equilibrio que sería el sentido más progresista de este ejemplo, el cual de hecho es inestable. Sabemos por experiencia que el equilibrio se alcanza con pesos iguales colocados en cada platillo, siempre que las  distancias de cada platillo al centro de giro de la balanza, sean iguales. Por tal razón este estado de equilibrio se asocia inmediatamente con la igualdad. Con lo cual Libra pasaría a representar una relación entre iguales, o entre pares. Pero como afortunadamente, si tratamos los pesos como si fueran personas, somos todos diferentes, y con diferentes puntos de vista, esta relación entre iguales no parece progresista, por lo menos entre personas. Lo que se confirma físicamente si le damos diferente longitud a la distancia de cada platillo al centro de la balanza: aquí los pesos deben también ser diferentes para alcanzar el equilibrio. En este caso estas diferentes distancias al centro de la balanza, bien podrían ser análogas a los diferentes puntos de vista entre las dos personas involucradas en la relación.
Por lo cual podemos decir con seguridad que en una balanza genérica no se establecen necesariamente relaciones de igualdad entre los pesos involucrados, para lograr el equilibrio.
Análogamente podemos asegurar, que en una relación entre dos personas, por naturaleza diferentes, no se establece una relación de igualdad entre las personas involucradas para lograr el equilibrio de la relación. En realidad el equilibrio, porque lo hay, se encuentra más allá de los pesos o de las personas en juego. En la balanza se encuentra en los productos que pueden establecerse entre los pesos y sus correspondientes distancias al centro de giro, siendo necesario, para que se dé el equilibrio, que estos productos tengan signos opuestos.
Por analogía, el equilibrio en una relación, se encuentra en los productos  de la fuerza que cada uno provoca con su posición, por los correspondientes puntos de vista, con la condición necesaria de que un producto debe ser opuesto al otro, como lo son los puntos de vista, sino no hay equilibrio. Lo mismo que en la balanza.
Este otro plano de realidad en que se manifiesta el equilibrio de un par, que como se aprecia, es manejado por relaciones normalmente ocultas, que actúan como principios, favorecerá el equilibrio en la medida en que se sostenga la oposición, es decir, en la medida en que uno de los integrantes de la relación no sea eliminado, denigrado o no respetado en su punto de vista.
Como puede apreciarse, por un lado, se trata de alcanzar un equilibrio permitiendo la acción de opuestos que se complementan entre sí para lograrlo, y por otro, se trata de acceder a un conocimiento que es posterior al estado de equilibrio en sí mismo: en la balanza, con el equilibrio se obtiene el peso de un cuerpo, inicialmente desconocido, en la justicia se obtiene el conocimiento de culpabilidad o inocencia, que era previamente desconocido, y que surge por la acción opuesta entre los abogados de las partes, y en una relación entre personas, el equilibrio entre posiciones opuestas conducirá al conocimiento de algo previamente desconocido sobre la relación, o a un nuevo estado progresista de la misma, lo que trasciende al equilibrio.
Si Géminis es el juego dialéctico entre lo uno y lo otro, alternando con cierta libertad, de manera de experimentar con los opuestos, Libra aparece como el momento de comprensión donde observo con mi mente que los opuestos no son autónomos, sino que se complementan hacia algo que los supera. Es lo que representa el símbolo de la balanza con sus dos platillos unidos por la barra, la que representa la complementación (si uno baja, el otro sube), más el fiel de la balanza simbolizado por una flecha que apunta hacia arriba, indicando que la complementación tiene un objeto superior no visible: la totalidad que puede ser  determinada, es decir Acuario, lo imprevisible.
Cuando Libra no es visto en su objeto superior, podría canalizarse la  energía por la ruptura y posterior dispersión en relaciones superficiales.
O en forma más leve, tiende a ver al otro como un igual, y así se introduce en la fusión y la consecuente inversión de la energía que anuncia la continuación del juego, para salir del apego magnético que representa el otro.
Libra es el arquetipo donde no es posible dejar de tener en cuenta al otro como complemento, pero no como un igual. Yo puedo progresar con otro que me complemente, parece decir.
En sentido bastante primario, si el otro aparenta ser un igual, es posible tratarlo como un igual a mí, con lo cual podrá acompañarme, o yo me siento igual a él con lo cual podré acompañarlo. Esto podría conducir a relaciones de igualdad de género.
Pero fundamentalmente, se debería comprender, por naturaleza, que el otro es diferente a mí y reconocer su derecho a ocupar una posición opuesta en la relación, así como yo también lo poseo. Primero debo diferenciarme, y luego ver donde encajo como complemento, sin renegar de mis atributos personales. Un ejemplo son las relaciones entre géneros opuestos.
En todo caso el sentimiento de igualdad al que conduce el arquetipo en acción, es una condición primaria de su energía, y aparece cuando la conciencia posee una carencia de análisis de diferenciación, ante la fuerza abrumadora del amor que tiende a la unión que es fusión en sentido escorpiano, donde uno queda absorbido en el campo energético del otro, sin haber comprendido el sentido elevado de la idea arquetípica.
El tránsito de Libra a Escorpio debería hacerse con preparación, de manera de estar preparados a invertir el movimiento conscientemente, en el intento de conservar la diferenciación. Si no es así, algo se va a invertir en nosotros para ponernos sobre aviso, por complementación natural de los movimientos vitales.
Esto funcionaría como una sonda que quiere alunizar, y para ello necesita de los retrocohetes que le permiten retroceder si hay peligro delante.
En forma más cercana sería aprender a mover el traste en el sube y baja, hacia adentro y hacia fuera sobre la tabla, de manera de no detener el juego que proponen los movimientos del otro..
Entonces la experiencia vital de Libra parece ser aprender a no detener el juego, sostener la contradicción que establece el juego mismo, sin quedar pegado al otro en lo externo, o en un estado de certeza en lo interno.
Mientras que la de Géminis sería establecer el juego, aprendiendo las reglas del juego y asumiendo el estado de incertidumbre  que genera, el poner la propia posición en juego.
Está demás decir que las reglas del juego son las que surgen de los principios operantes en la realidad, que vamos descubriendo con el correr de la historia: el principio de incertidumbre y el de complementación, ambos descubiertos por la Física cuántica, y que tienen como correlatos a Géminis y Libra respectivamente.
Si el juego no se detiene, lo que implica que el opuesto no es eliminado, es posible conectar con lo imprevisible y creativo que es Acuario, tanto sea en lo externo como en la interioridad de nuestra mente, cuando alcanzamos  a conectar con una idea innovadora..
De este modo, Libra, como sostenimiento de la contradicción, puede ser visto como una “guerra”, pero una “guerra” en la que no parece estar permitido eliminar al contrario, porque así se acabaría  el juego, que es lo que tanto nos atrae desde que éramos niños.
El fútbol en ese sentido es un ejemplo, como cualquier otro juego de a pares. Aquí la “guerra” está  ordenada según la incidencia de un reglamento que es respetado por los jugadores, porque se sabe que así se alcanza el mejor espectáculo, y las únicas que parecen estar en guerra verdadera son las hinchadas, cuando su pasión deja de  movilizarlas hacia el respeto por el contrario.
Un hecho astronómico simbólico fue el reciente descubrimiento de que el planeta Venus, debajo de su densa capa de nubes de gases tóxicos, es un campo plagado de volcanes, que son los que producen las nubes que dan una apariencia bella y luminosa al planeta.
Gran razón tenía Heraclito: la existencia es “guerra”, pero una “guerra” de posiciones opuestas que tienden respetuosamente a complementarse, en la cual deberíamos estar dispuestos a eliminar cualquier arma empleada para la eliminación del contrario.
Porque el verdadero otro podría no ser otro externo, sino aquél otro que me complementa desde lo interno, y se refleja por la vía de lo externo, desafiante a veces, por lo cual no merece aun así, ser eliminado ahí afuera, ya que me permite alcanzar niveles de comprensión imprevisibles en el comienzo.